Pescao y plátano para bailar en medio de la guerra

Pescao y plátano para bailar en medio de la guerra

ESPECIAL TUMACO

Pescao y plátano para bailar en medio de la guerra

Cambiar la realidad violenta a través del arte y la música es el sueño de los integrantes de Plu con Pla

Solo hay un lugar en Colombia… qué digo en Colombia… solo hay un lugar en el mundo en el que se come plumuda* con plátano. De dónde más iba a ser ‘Plu con Pla’, entonces, si no de Tumaco. Y de qué más iban a cantar si no de las problemáticas de la perla.

“¿Cómo así que de qué más van a cantar? Si Tumaco está llena de historias positivas, de una gastronomía única, de una naturaleza vestida de paraíso, de gente hermosa…”, dirá cualquiera. Y sí, Tumaco tiene todo eso y más. Para usted o para mí aquí leyendo esto es muy fácil decirlo. Pero el asunto es que, como explica Harold, el director de ‘Plu con Pla’: “Eso no fue una decisión. Hasta ahora solo se nos han venido a la cabeza las problemáticas de Tumaco. Nosotros queremos hacer música en general, pero siempre terminamos ahí. Es que esta es una realidad muy dura”.

Y no lo está diciendo alguien sin bagaje artístico, mucho menos un pesimista. Lo dice un hombre hecho y derecho con formación en Historia y Musicología que ahora dirige este grupo de música fusión con un tercer puesto del Petronio Álvarez encima, un grupo que ya pisó tarimas en Francia y que mezcla el bunde, la fuga y el bambuco con reggae, jazz o hip hop. Lo dice el antropólogo y líder de la fundación Tumac, una de las más importantes de Nariño. Lo dice Harold, una sonrisa tumaqueña de 42 años que suelta sin tacañería frases del tipo: “Tenemos que transmitir nuestro conocimiento a los niños y jóvenes, tenemos que ocuparnos de ellos” o “Al volver de vivir en Francia decidí quedarme en Tumaco porque me preocupaba que no era el mismo lugar en el que yo crecí. Mi trabajo aquí se me volvió una necesidad”. Un tipazo, Harold Tenorio.

Lina Alejandra Macuase, socióloga de 26 años e integrante de ‘Plu con Pla’ agrega que el grupo habla de lo que pasa en Tumaco, pero de manera crítica. “Cuando estás aquí a veces 

la realidad te ahoga”. Y cómo no si la perla atraviesa en estos momentos por una crisis social muy jodida. Apenas este mes llegaron 3000 personas desplazadas del río Chaguí debido a enfrentamientos entre grupos armados ilegales. El presente es tan complejo para este municipio que no desconoce una sola arista del conflicto armado, que la Alcaldía canceló para este año el legendario Carnaval del Fuego, el principal evento cultural y gastronómico de la región.

“La cosa es que nosotros buscamos el porqué. No es creer que nacimos pobres y ya. Nuestras letras buscan la raíz de nuestras carencias. Y las hacemos para denunciar, y para luchar contra eso, y para que eso cambie. También lo hacemos por tradición. Es que nuestros viejos ya venían hablando de lo mismo pero nosotros le ponemos los términos de ahora para que el mundo sepa de qué estamos hablando”, explica Lina Alejandra.

 

 

El sueño de Tumac

Barrio La Comba, 1969. Al joven Francisco Tenorio Angulo se le ocurre la idea de reunir fondos para formar un grupo de danza de niños y jóvenes para un evento local. Decide entonces que la suya no será una presentación común y silvestre. Comienza entonces a investigar y a recopilar las diferentes danzas autóctonas rurales de la región. La propuesta tiene acogida, el asunto crece, llegan los fondos… y nace Tumac.

Tiempo después, Francisco pierde una pierna en un accidente. Imposible imaginar el peso de semejante tragedia para un bailarín como él. Ante este revés de la vida, Francisco aprende a hacer instrumentos (marimbas, bombos, etcétera), una actividad que se ha convertido en uno de los principales atractivos de la fundación. “Ahora hacemos instrumentos con estándares profesionales. Son instrumentos que pueden llegar a cualquier lugar. Acá los jóvenes se meten en eso para ganarse unos pesos y otros hasta se dedican de lleno a eso”, cuenta Harold. 

Hoy, medio siglo más tarde, la fundación dirigida por Francisco dicta formación artística a más de 2000 estudiantes de colegios. Eso sin contar la población entre niños, jóvenes y adultos que atiende en su sede del barrio Pantano de Vargas. Su abanico de oferta se ha ampliado y ofrece formación también en danza, música, tradición oral y cultural, entre otras.

Tumac canta y baila demasiado cerca del fuego cruzado. La fundación está ubicada en los alrededores de la zona costera pacífica, donde el conflicto se ha recrudecido durante los últimos meses y donde los grupos armados asedian, tentadores, en busca de jóvenes en medio de la pobreza.

“Yo sueño con que podamos lograr la transformación de este país con el arte. Aquí en Tumaco se vive de cerca, pero es el país entero el que está sumido en este ambiente de guerra. Yo sé que mi sueño es complicado porque la guerra es un modelo económico instaurado. Combatir contra eso a punta de instrumentos es complicado, pero nosotros no vamos a parar». Lo dicho, un tipazo Harold.

Fernanda Tenorio, de 21 años, es bailarina y cantante de ‘Plu con Pla’. Estamos, además, ante la primera mujer bombero de Tumaco. Ella está vinculada a la fundación Tumac desde que tiene memoria. “Aquí aprendí prácticamente todo. Yo antes no sabía ni cantar ni tocar instrumentos. Hasta modistería aprendí. Acá nos enseñan a ser buenas personas. La fundación me convirtió en lo que soy. Ahora soy instructora y trabajo dando talleres de danza y música en barrios vulnerables”, dice con su ronca voz que anticipa la poderosa calidez de su canto.

 

Identidad y fusión

‘Plu con Pla’ es un proyecto de la fundación Tumac. Otro de tantos. Tal vez el de mayor proyección actualmente. Aunque la agrupación nació hace tres años con la intención de sus miembros de divertirse simplemente y de aprovechar los instrumentos que había traído Harold de Francia tras vivir allá cinco años, cuando los invitaron a participar en el festival Petronio Álvarez les tocó tomarse el asunto en serio y así, poco a poco, han venido trabajando hasta lo que son ahora. “En Francia estudié Música y compartí con músicos de África, de Brasil y de muchas partes de Latinoamérica. De ahí nace lo de hacer música fusión, de mi frustración por no haber podido tener un grupo allá”.

Un aspecto clave de la esencia de ‘Plu con Pla’ es la identidad. Este es un grupo que ha sabido interpretar el contraste de Tumaco y de su comunidad. Sí hay profetas en su tierra, después de todo. En la alegre fuerza de sus ritmos se refleja la faceta amorosa del vecindario, la familia negra numerosa, el saludo callejero y la conversación animada; en sus letras viene enredada la resistencia al miedo que surge a la entrada de un barrio regido por grupos armados o las furiosas ganas de vivir en paz entre tanto fruto de mar.

Al respecto, Harold afirma: “Acá en Tumaco hablamos de identidad, etcétera, pero uno acá no siente que eso sea tan importante. Cuando viví en Bogotá, en cambio, sentí que era algo más que necesario y fue afuera que entendí que tenía que empoderarme de mis saberes y de los elementos de mi identidad. Uno tiene ese bagaje pero lo necesita es cuando sale del territorio y siente, por ejemplo, la discriminación”.

Ante esas afirmaciones, se pregunta uno: ¿Discriminación? ¿Racismo? ¿Todavía? ¿En serio, querida Colombia? Pero si en este país no hay un solo colombiano que no lleve adentro su buena porción de sangre afro. A ver, a conciencia: ¿Qué llama más? ¿La sangre o la piel?

Fernanda opina en la misma línea. “Cuando uno está por fuera, ser afro se nota más. Acá no”. De ahí que para ella la identidad y sus raíces implican una obligación insoslayable. “Eso nos responsabiliza para que al lugar que vayamos, ayudemos para que la gente sepa que acá hay una riqueza musical que nuestros ancestros nos dejaron y que queremos que la gente la conozca”.

*Pequeños y espinosos peces marinos de alto valor proteínico que se concentran en el océano Pacífico, en el suroccidente colombiano.

 

Al estilo ‘Plu con Pla’

Para oír y ver la calidad de ‘Plu con Pla’, aquí te dejamos una probadita de su música. Clamores imposibles de ignorar. Eso sí, sabrosura al cien para digerir mejor las espinas de la realidad:

 

 

 

 

 

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