Embustes y negocios con el agua potable de Leticia
Embustes y negocios con el agua potable de Leticia
Existe un acueducto que transporta agua insalubre. Hay una estructura de acueducto que no tiene agua, sobran las promesas incumplidas, reinan la compra de agua embotellada y la perforación de pozos. Así funciona el acceso al agua potable en la capital del Amazonas colombiano.
Por: Alexandra Gómez @Fundación Chasquis /Fotografías Juan Manuel Peña* en alianza con @Cuestion Pública.
Pie de foto: Máquina dispensadora de agua de Gaseosas Leticia.
Al aterrizar en Leticia, el agua de los baños del aeropuerto, los hoteles, los restaurantes y las casas, fluye sin problema al accionar una cisterna o girar una llave. Las calles son una pasarela constante de motocicletas que, a pesar del calor, arrastran pesados garrafones de agua, un tráfico que se intensifica con la caída de la noche, así es un día “normal” en Leticia. Solo los turistas, los que llegan a vivir a la ciudad y quienes han podido salir, descubren que no lo es.
En el extremo sur de Colombia, el río Amazonas pasa lento. Arrastra sedimentos que desviarán su cauce hacia Perú en 2030, según expertos. El agua en este pulmón del mundo es esquiva. Aunque fluya al girar la llave en casas y hoteles, no es apta para beber.
Este reportaje investigó el acceso al agua potable en esta ciudad selvática, capital del departamento del Amazonas. Un recurso lejos de ser un derecho. Por eso en las calles es común ver una pasarela constante de motocicletas que cargan garrafones de agua. El paisaje está marcado por ese azul plástico. Azul garrafón que pesa y que hay que recargar y pagar a diario para sostener la vida.
Pie de foto: Vista panorámica de Leticia, al fondo el río Amazonas.
Pie de foto: Vista panorámica de Leticia, al fondo el río Amazonas.
Entre julio y agosto de este año, varios medios de comunicación titularon en sus noticias y replicaron: “llegó el agua potable a Leticia”. Ninguno de esos titulares corresponde a la realidad. El agua potable solo llegó a la sede Educativa Virgen de las Mercedes, ubicada en el municipio de Leticia, en el kilómetro 11, con 80 estudiantes, como lo detallan el desarrollo de las noticias y los pobladores del sector.
Leticia está ubicada al lado del río más caudaloso del mundo (el Amazonas). Cuenta con 32.450 habitantes, una cabecera municipal y nueve áreas no municipalizadas (que se conocían antes como corregimientos). Son tierras de pescado, casabe, fariña, del bote, la canoa y la lancha. De puerto ribereño donde se espera las razones de los que vienen del río.
Pie de foto: Muelle de Leticia.
La población accede al agua cruda, ya sea, mediante la captación directa de las quebradas aledañas al río Amazonas (aguas superficiales), la recolección de aguas lluvias o por aguas subterráneas. Estas se captan mediante el uso de pozos artesianos, que implican perforaciones de entre 15 y 20 metros de profundidad. En este proceso, el agua del subsuelo es extraída a la superficie por un sistema de bombeo a gasolina o energía eléctrica.
Una vez que el agua cruda es obtenida, la potabilización se gestiona de manera informal y particular por cada habitante o núcleo familiar. Las estrategias de tratamiento varían ampliamente. Por un lado, se encuentran los métodos de tratamiento doméstico, donde algunas familias optan por hervir el agua, mientras que otras recurren al uso de pastillas de cloro u otros químicos de venta libre. Sin embargo, la dosificación de estos productos es empírica, ya que cada persona o familia establece su propia “receta” para tratar el agua.
Finalmente, quienes tienen la capacidad económica buscan alternativas de mayor seguridad. Estas incluyen la compra de agua embotellada o la recarga de agua en pequeñas plantas de potabilización privadas. Alternativamente, existen algunos puntos de recarga gratuitos distribuidos en la ciudad, que se duda de su calidad por el sabor y en algunas ocasiones el color que tiene, aunque estos son pocos, lo que subraya la naturaleza desigual y la complejidad del acceso al agua apta para el consumo humano en Leticia.
Pie de foto: Superior: Es usual en Leticia el traslado de agua potable en garrafones.
Inferior: Punto gratuito de acceso de agua potable instalado por la Cruz Roja.
Pese a que el acceso al agua potable es un derecho humano que es de responsabilidad del Estado colombiano garantizar, en Leticia cada quien resuelve como puede y hace parte de la rutina “ir a comprar agua”. La sentencia “llevan años robándose la plata para potabilizar el agua”, ya es una frase célebre entre varios habitantes con los que conversamos.
Con acueducto y sin agua potable
Al abrir la llave en Leticia sale agua, pero no es del acueducto, ni del río Amazonas, como podría pensar un turista, sale del subsuelo. “Una cosa es la cantidad de agua y otra es el agua potable” enfatiza Santiago Duque, habitante del municipio y coordinador del Grupo de Investigación “Limnología Amazónica” de la Universidad Nacional— Sede Amazonía. Santiago explica que los sedimentos (materiales sólidos) que el río Amazonas arrastra y la contaminación por mercurio que se halló recientemente, hace que tratar el agua del río se vuelva “más costosa, por eso es más fácil captar agua de una quebrada”.
La decisión de minimizar costos en infraestructura hace más de 50 años es otro factor clave para entender la ausencia de salubridad en el municipio. “El acueducto se diseñó para una población de 3. 000 personas y ahora trabaja para cerca de 19.000”, según datos de La Unidad de Servicios Públicos Domiciliarios de Leticia (USPDL) , en lugar de ubicar la bocatoma (captación) en el río Amazonas —que implicaba una mayor inversión para la época por la distancia—, se construyó en la quebrada, Yahuarcaca, explica la (USPDL).
Pie de foto: Lagos de Yahuarcaca y al fondo el río Amazonas.
El agua del acueducto de Leticia se capta de la Quebrada Yahuarcaca, que hace parte de un sistema de 21 lagos y lagunas interconectadas con una influencia directa del río Amazonas. “Si el Amazonas sube, la Quebrada y los lagos se recargan”, explica Duque.
Pie de foto: Barcaza del Acueducto de Leticia y bote intentando pasar por el cerco rústico hecho para acumular agua.
La Quebrada Yahuarcaca es una vía fluvial de varias comunidades. A la altura del kilómetro 2 en Leticia, detrás de las casas que se ven en la carretera, está la bocatoma del acueducto, una estructura pequeña y oxidada, (los ingenieros la reconocen como barcaza). Esta se encuentra suspendida sobre el agua amarillo ocre de la quebrada, rodeada de palos que aparentan ser una barrera para el paso de canoas a unos pocos metros, pero que no lo son. Su función es represar el agua.
Pie de foto: Acercamiento a la barcaza del Acueducto y los tubos que conducen a la Planta de Tratamiento de Agua Potable (PTAP).
La bocatoma, que parece “una casita suspendida en el agua”, es visible a simple vista para cualquier transeúnte. La vigilan las 24 horas para evitar que se tomen fotografías y que el tubo de succión se obstruya con hojarasca y sedimentos. Su celo protector parece tener una doble función: no solo cuidan la infraestructura, sino que también se aseguran de que nadie capture la imagen de una bocatoma obsoleta que revela las carencias del sistema.
“El nivel de la quebrada no es tan grande para la barcaza y cuando el nivel baja la electrobomba alcanza a succionar arena”, explica un exfuncionario de la planta que dio su testimonio si se reservaba su identidad por temor a represalias. “El caudal de captación de agua está por debajo de las necesidades reales de los habitantes del municipio (…) y la presión del agua en la distribución no alcanza para suministrar a los sectores más alejados”, reconoce la entidad de servicios públicos o USPDL.
Pie de foto: Señalización del punto de captación del Acueducto de Leticia.
A 600 metros antes de llegar a la bocatoma se encuentra la Planta de Tratamiento de Agua Potable (PTAP). El agua de la quebrada llega allí a través de unos tubos serpenteantes. Pese a su ubicación privilegiada, los vecinos directos de la planta padecen de un servicio de acueducto deficiente. Uno de ellos es Juan Chota, quien vive al respaldo de la planta, y señala que el agua que recibe en su casa “es amarillenta y, además, no llega todo el tiempo”. Por eso, “para asegurar el agua de la casa”, hizo su propio pozo.
Pie de foto: Detalle de pozo artesiano de la casa de Juan Chota.
Si se quedara esperando el tratamiento del agua del acueducto a la que accede la comunidad, Juan y su familia estarían expuestos a potenciales problemas de salud porque el agua no es apta para el consumo humano. El problema central con el tratamiento de agua del acueducto no ocurre únicamente desde su extracción. También continúa en la distribución, porque aunque “hagamos un tratamiento de agua excelente, cuando llega a la red de distribución hacia los tanques, como son de asbesto, el agua se va a recontaminar (…) sumado a la tubería que se encuentra obsoleta”, describe el exfuncionario de la Planta.
El Acueducto de Leticia fue construido en 1964 y 45 años después inició su operación. En el 2002 se construyó una nueva Planta de Tratamiento sin la capacidad suficiente. Así lo señaló un informe de la Defensoría del Pueblo en el 2008. En el 2010 se construyó una nueva y dejó de funcionar en el 2012. La Alcaldía iniciará la ejecución de la fase 3 del sistema del acueducto para la construcción de una nueva Planta, la actual “no cuenta con un proceso de filtración eficiente”, menciona la Unidad de Servicios Públicos.
En proyectos recientes de abastecimiento de agua, saneamiento básico y cobertura del acueducto en la ciudad de Leticia, se han destinado $18.095 millones de pesos, A esto se suman $4.239 millones adicionales invertidos para garantizar el suministro de agua a la comunidad de Mocagua, menciona la Unidad de Servicios Públicos. Sin embargo, es importante señalar que la cifra total de recursos destinados al acueducto sería considerablemente mayor si se hiciera una trazabilidad de la inversión acumulada desde el momento de su construcción inicial.
En el casco urbano de Leticia hay 4.811 suscriptores al sistema del Acueducto, que corresponde a una cobertura del 40%. La USPDL reconoce que el agua del acueducto no es apta para el consumo humano. “El que paga acueducto en Leticia está pagando por algo que no funciona (…) así sea el cargo fijo que es mínimo, y oscila entre los 2.000 y 6.000 pesos por metro cúbico mensual”, señala el exfuncionario.
Según la Dirección de Salud de Leticia, para 2024 se notificaron 404 casos de enfermedad diarreica aguda y señalaron que no pueden precisar “la causa y la identificación de factores de riesgos puntuales”. Sin embargo, se sabe que este diagnóstico está asociado a condiciones del agua y condiciones de saneamiento básico, como lo señala la Organización Mundial para la Salud “Es de señalar que no todo aquel con diarrea acude al médico, acá la diarrea y el dolor estomacal es normal (…) pero hay niveles de diarrea que no son para tratar en la droguería”, dice un farmacéutico.
La quebrada Yahuarcaca —de donde sale el agua del acueducto de Leticia— enfrenta graves desafíos que van más allá de los problemas de captación, tratamiento y distribución del agua. Su principal amenaza es la contaminación, que proviene de diversas fuentes: las embarcaciones que utilizan gasolina, los vertimientos de aguas residuales (identificados kilómetros antes de la barcaza procedente tanto del aeropuerto local como de viviendas cercanas), y la captación intensiva de agua en fincas para el desarrollo de criaderos de peces, que están aguas arriba del punto de la bocatoma.
Aunque la quebrada pudo haber sido la mejor opción cuando se construyó para abastecer de agua a Leticia, las actuales presiones ambientales, como la contaminación sobre la cuenca implican que “la discusión ahora es cantidad y calidad del recurso”, afirma el exfuncionario.
Según la Secretaría de Competitividad, Medio Ambiente y Turismo, Leticia no cuenta con un estudio hidrológico de aguas subterráneas, no tiene un inventario de pozos artesianos, ni monitorea la calidad del agua subterránea y Corpoamazonia solo tiene un inventario de pozos de quienes han tramitado la concesión.
Aunque perforar implicaría tener un permiso de concesión de Corpoamazonia, cada quien lo ha hecho a su manera, y hay incluso instituciones públicas que tienen un pozo sin concesión, como el Hospital de Leticia, información aportada por una fuente que fue entrevistada.
El Proyecto Cuenca Amazónica, ejecutado por la OTCA, publicó en 2023 una evaluación hidrogeológica binacional, compartido por Leticia (Colombia) y Tabatinga (Brasil). El estudio documentó una intensa explotación del recurso, registrando 1055 pozos, una cifra superior al inventario oficial. Esta dependencia se refleja en las concesiones de Corpoamazonia, donde 31 son para aguas subterráneas frente a solo tres superficiales. El acuífero, que se recarga por las lluvias y la infiltración del río Amazonas, mantiene una peligrosa conexión con el agua superficial. Los expertos, como Fátima Ferreira (hidróloga), advierten que su proximidad a la superficie representa un alto riesgo de contaminación y que la intensificación de la extracción puede causar un descenso permanente del nivel de agua, comparándolo con sacar agua de un cuenco.
Alarmantemente, el análisis hidrogeológico identificó altos niveles de nitratos y bacterias fecales causados por la filtración de desechos de fosas sépticas y aguas residuales domésticas. Esta contaminación llevó a la recomendación de un monitoreo urgente del sistema hídrico. Gerson Cardoso, experto en hidrogeología, enfatiza que, si bien la escasez de agua no es el problema inmediato debido al alto nivel de recarga del acuífero, el verdadero desafío radica en la gestión del agua. Por lo tanto, el informe concluye que la amenaza más apremiante no es la cantidad de agua, sino la calidad y la necesidad de una gestión eficaz para preservar el acuífero de la contaminación.
|Máquinas de agua tragamonedas
En Leticia un botellón de agua nuevo vale 38.000 pesos al comprarlo en Gaseosas Leticia y hay varias empresas privadas que tienen unas máquinas dispensadoras de agua potable para recargarlo. Los precios varían entre los 1.800 a 2.000 pesos de recarga por botellón. Una familia de cinco personas a la semana puede consumir 5 botellones en promedio. Puede verse como un gasto menor, pero en familias que no alcanzan a tener un salario mínimo puede implicar prescindir de alimentos de la canasta básica o arriesgarse al consumo de agua cruda.
En la ciudad identificamos cuatro puntos que ofrecen agua potable en máquinas, los tres primeros cuentan con concesión de aguas subterráneas (obtienen el agua por pozos):
- Gaseosas Leticia: (Embotelladora autorizada de Coca-Cola) cuya actividad incluye la operación de máquinas dispensadoras de agua, la venta de agua embotellada y empaquetada marca “San José”, y presta el servicio de llenado puerta a puerta a través de un camión cisterna por un costo de 4.000 pesos.
Pie de foto: Máquina dispensadora de agua potable de Gaseosas Leticia.
Tikuna S.A.S.: Tiene máquinas dispensadoras. Comercializa agua embotellada y empaquetada bajo su marca “Nimüae”. Se trata de una empresa creada con 146 millones de pesos de capital semilla del Fondo Emprender del SENA.
Pie de foto: Vista al detalle de máquina dispensadora de agua potable de Tikuna SAS
Pie de foto: Máquina dispensadora de agua potable de Tikuna SAS
- Venta de agua en la carrera sexta: Un punto de venta visible que no tiene marca propia, solo tiene visible los dispensadores con una pancarta que anuncia “hielo y agua potable/ Recargue su botellón 24 horas. INSSA fue la empresa que instaló las máquinas dispensadoras. Funciona mediante energía solar. El propietario de las máquinas y el titular de la concesión de aguas es el empresario Nilson Calderón.
Pie de foto: Máquinas dispensadoras de agua potable de propiedad de Nilson Calderón.
- DeÁlba Agua Pura: Ubicada en el barrio Costa Rica (venta de hielo y agua potable), no se encuentra un registro mercantil de constitución empresarial, solo un registro explícito con nombre de la marca como establecimiento comercial y su titular es el exconcejal del partido de la U Pablo Forero Fernández.
En la base de datos entregada por Corpoamazonia de las concesiones de agua subterránea y superficial para este reportaje, no se encuentra explícito que DeÁlba cuente con una concesión de agua.
Al indagar con Pablo Enrique Forero Noriega quien firma como gerente DeÁlba y tiene un registro comercial como persona natural donde registra como actividad comercial la captación de agua, su respuesta fue, “he decidido no brindar declaraciones sobre este asunto, con el fin de proteger la información confidencial de la empresa”.
Pie de foto: Punto de venta y máquina dispensadora de agua potable de Alba
Técnicamente, en Leticia se le conoce a estas expendedoras “máquinas vending”. A cualquier hora del día una persona pone el botellón en la máquina, deposita el dinero, es llenado y no entrega ningún tipo de factura al consumidor. Es un negocio sin operadores permanentes y poco control tributario, no tiene impuestos sobre la venta debido a un régimen especial tributario para el Amazonas y “al no tener la mediación de un vendedor y generalmente no es posible identificar al comprador (consumidor final), la empresa podrá elaborar un documento equivalente o comprobante interno que respalde las operaciones realizadas”, indica Ariel Hurtado, Director Seccional de Impuestos y Aduanas de Leticia.
Quizás por eso, pobladores con quienes conversamos comparten la misma ilusión: montar su propia máquina expendedora de agua. Lo perciben como un negocio rentable y con futuro, bajo la premisa de que el agua es fundamental y “de aquí a que tengamos agua potable van a pasar muchos años”.
|La contaminación de agua en plástico
“Si la gente no tiene acceso al agua potable, está obligada a comprar agua”, advierte Saulo Usma, director de agua dulce de la oenegé Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés). Y cuando tomas agua en plástico, ¿qué se hace con el envase? “A nadie le importa”, asevera Usma.
Aunque en Leticia algunas empresas de bebidas intenten responsabilizarse por la contaminación por plásticos que genera la industria, con el impulso de programas para promover el reciclaje, esto no es suficiente. Y no lo es porque realmente hablamos de economía circular cuando se termina el ciclo, pero “en Leticia lo máximo que se puede hacer es seleccionar las botellas de plástico y buscar cómo sacarlas”, explica Andrés Losada, director de la Fundación Amazonas Sin Límites, quienes tienen una Asociación de recicladores.
En Leticia aún no hay una planta de procesamiento de ese plástico, también conocido como PET. Por eso, la estrategia para sacar botellas de plástico de este lugar selvático ha sido por aire, en alianza La Fundación Amazonas Sin Límites con la Fuerza Aérea y la Fundación Hábitat Sur con Avianca Cargo y Deprisa. Según Avianca, en su último informe de responsabilidad corporativa, a diciembre de 2024, se trasladaron 2.677 kilos de plástico de un solo uso desde Leticia a Bogotá para su transformación.
“La otra alternativa sería sacar las botellas plásticas hacia Putumayo por río o a Manaos (Brasil) y por costos no vale la pena hacerlo”, enfatiza Andrés. La Unidad de Servicios Públicos señala que “los altos consumos energéticos del equipamiento para el aprovechamiento de plástico y el alto valor del kilovatio de energía de Leticia genera una baja rentabilidad de los procesos”, haciendo referencia al reciclaje industrial de PET.
En la ciudad una botella plástica puede ir al relleno sanitario sin ningún tratamiento o ser recuperada por un reciclador, en lo rural la decisión es quemarla (tanto la propia como la que trae el río). Se sabe que la incineración libera sustancias nocivas y aun en Leticia no se ha estudiado la presencia de microplásticos en peces (que es la dieta principal en la Amazonia).
“Allá no pusieron voticos, ahora les toca esperar”
A San Antonio de los Lagos, un centro poblado indígena a 20 minutos de Leticia, se puede llegar solamente por trocha o vía fluvial. En esa comunidad primero se logró construir una cancha sintética que el acueducto. En San Antonio, donde los pájaros alternan entre los techos de zinc y los árboles de copas grandes, las casitas están ubicadas en una cuadrícula organizada, de palafitos y de colores.
Pie de foto: Vista panorámica del Resguardo de San Antonio.
En 2012 la Gobernación del Amazonas celebró un contrato con el Consorcio Los Lagos por un total de 2.114 millones de pesos para tres acueductos rurales, para el Acueducto de San Antonio se asignó 383 millones de pesos en costos directos para la construcción de dos pozos artesianos, la infraestructura de bombeo con red eléctrica, la construcción de una torre para tanques de almacenamiento y la conducción de redes del acueducto. De esta obra quedan las columnas de elevación para los tanques, dos huecos, una red de acueducto enterrada que no funciona y la caseta de bombeo.
Pie de foto: Infraestructura del acueducto de San Antonio .
“A nosotros nunca nos dieron una explicación sobre lo que pasó”, menciona Carlos Rodríguez, líder de territorio de la comunidad de San Antonio. La Gobernación desembolsó el 93% de los recursos, pero según un informe de la Procuraduría, el contratista no finalizó las obras y se tomaron cinco años para cerrar el contrato, como lo relató el medio Infoamazonía. En esta investigación periodística, quedó el registro de una nueva promesa de finalizar el acueducto en el marco de la ejecución de acciones del Plan Departamental de Aguas, que no se cumplió.
Pie de foto: Vista interior al Acueducto de San Antonio.
En 2021 la Gobernación publicó la licitación 054 por 1.509 millones de pesos y en 2022 la licitación 044 por 1.496 millones de pesos para “la optimización, obras complementarias y puesta en marcha de los sistemas de acueducto” de dos comunidades, entre ellas, San Antonio. Según registros del Portal de contratación pública, SECOP, las dos se consideraron desiertas, pues los proponentes no cumplieron con las condiciones técnicas.
En 2023 la empresa Amazonas Desarrollo Inteligente (ADI), que participa en licitaciones de infraestructura con diferentes entidades y es gestor del Plan Departamental de Aguas del Amazonas.(Una estrategia de planeación interinstitucional para garantizar el acceso al agua y el saneamiento básico) expidió la resolución de licitación de obra pública LP-005 de 2023. En esta licitación se asignaron 586 millones de pesos para la Comunidad de San Antonio y se generó un contrato con el Consorcio Los Kilómetros, “que proyectaba la instalación de los tanques de almacenamiento de agua y su distribución. Eso nunca sucedió”, afirma el líder social Carlos Rodríguez.
Carlos cuenta que recientemente iniciaron un proceso con contratistas del Plan Departamental de Aguas: “vinieron, pintaron, pusieron estas rejas, excavaron algunos huecos y no tenemos claro por cuántos millones está el presupuesto y ahí quedó estancado también”.
Carlos asegura que con el Plan Departamental de Aguas han insistido en que se termine la construcción del acueducto y nos viven diciendo “que falta un documento, que el contratista, que las prórrogas, que el contrato está retenido por una cosa o por otra y así nos tienen. Cada vez que va terminando el año vienen y hacen una inspección. Y dicen —tal día arrancamos— Y ahí se queda”.
Otra situación que determina si un proyecto se ejecuta es a partir del cobro de cuentas electorales. Cuando era curaca (líder tradicional) de su comunidad y se dedicaba a la gestión y veeduría de proyectos, Carlos relata que “iba donde los funcionarios, a la Alcaldía o la Gobernación y se ponía a insistir que priorizaran las necesidades de su comunidad y cuál era la respuesta: pues allá no pusieron voticos, ahora les toca esperar”. Una afirmación que también nos hicieron varios líderes de comunidades rurales de Leticia cuando intentaron hacer alguna gestión para la potabilización del agua.
En San Antonio solo hay un punto de agua cruda para una comunidad de 562 habitantes. Carlos afirma que “esa agua todavía no tiene pruebas que aseguren su potabilidad”. Si el agua no sale de aquí, se obtiene de las aguas lluvias o se recolecta de los caños cercanos. “Aquí el mejor filtro es juanito… Juanito el estómago de uno”, dice con sarcasmo Carlos.
Esta investigación radicó un derecho de petición para obtener información de la Gobernación del Amazonas sobre los contratos, estados de obras, proyecciones de recursos y obras para el acueducto de San Antonio, al cierre de esta edición la entidad aún no ha entregado la información.
La corrupción llega primero que el agua
Si ya en Leticia que tiene Planta de Tratamiento de Agua Potable el acceso al agua es deficiente, imagine en los territorios donde solo se accede por río o trocha. Hacer un pozo artesiano para extraer agua, que podría ser la opción más efectiva para una comunidad rural, no es tan sencillo por los costos que tiene. Uno solo de estos puede llegar a costar de 6 a 10 millones de pesos, según habitantes de la comunidad.
Durante la reportería para esta investigación se observó que en las comunidades ubicadas a lo largo de las riberas del río Amazonas y muy cerca de la cabecera municipal, se han desarrollado varios proyectos de empresas privadas, ONG y organismos multilaterales para resolver el acceso al agua potable. ¿La solución? La instalación de plantas de potabilización. Sin embargo, muchas también han desaparecido con el tiempo o sobreviven en condiciones precarias y no se sabe con certeza la calidad del agua que proveen.
Thomas Lafon, director de la Fundación Entropika, que ha liderado la instalación de pequeñas plantas de potabilización en colegios y comunidades, explica que no se trata de “tenga su torre, su pozo y ¡suerte!”.
Después de la instalación se requiere de un fontanero que hace tareas esenciales como el monitoreo, la dosificación de químicos para el tratamiento, mantenimiento de tubería y cambio de filtros. “Aquí viene el reto de la gobernanza sobre el agua y es cómo una comunidad se organiza para que cuando tenga que cambiar el filtro, que muchas veces sale más barato traerlo de Bogotá, no dependan de estarle debiendo votos a un candidato”.
Pie de foto: Acueducto del Resguardo de San Juan de los Parentes
En el Resguardo indígena San Juan de los Parentes, (cerca de la ciudad de Leticia) la planta de potabilización funciona desde 2020. “Fue instalada por la Fundación Entropika y provee agua a 35 familias. Cada una paga mensualmente 12.000 pesos por el servicio que llega hasta sus casas” cuenta el fontanero del acueducto. Para que una planta funcione se requiere de luz. El servicio de electricidad lo ofrece la ENAM, una empresa privada del Amazonas.
“Aquí el reto es pagar la factura de luz que llega mes a mes y no es subsidiada (…) Uno cree que con una planta se soluciona todo, pero cuando está, aparecen otros asuntos”, indica Filiberto Parente, fontanero del acueducto.
Pie de foto: Filiberto Parente, fontanero del acueducto de San Juan de los Parentes.
Edinson León vive en la comunidad del Progreso, a la cual se accede por río desde Leticia y acaba de regresar después de dos años.“Me tocó irme porque a mi hijita le dio cólera y amebiasis a causa del agua (…) aquí hay epidemias cada que el río sube o baja”. El cólera es una afección grave que provoca una diarrea explosiva, causando rápida deshidratación que puede matar en pocas horas.
“Aquí la gente toma agua de una quebrada, ahí mismo se bañan, lavan ropa y recogen agua para cocinar”, cuenta Edinson.
Mientras el viento mueve las hojas por donde pasea el mico tití, Edinson describe que “muchas personas de las comunidades alejadas de la ciudad creen que la solución no es un pozo (…) porque han venido ya sea entidades, oenegés y hacen escaneos y le dicen a la gente que no se puede porque hay que perforar mucho para alcanzar agua o perforan un poco y dicen lo mismo, no hacen el trabajo y se van”. Asegura que si hay agua ya a los 15 metros es porque hay evidencias de pozos en comunidades que los han hecho autónomamente.
Pie de foto: Panorámica de la comunidad de Santa Sofía.
Muy cerca del Progreso está el Resguardo de Santa Sofía. Está ubicado a unos 30 minutos en lancha desde el puerto de Leticia, capital del departamento. Al llegar lo primero que se debe hacer es registrarse en el puesto de la Policía. Sus pobladores se dedican a la pesca y la agricultura, allí tampoco hay agua potable, consumen agua de la quebrada Tacana o de la recolección de aguas lluvias. “Cuando hay turistas nos toca ir y recargar los botellones a Leticia”, cuenta Elisvan Carihuasari, habitante de la comunidad. Un trayecto, ida y regreso a Santa Sofía, cuesta 80.000 pesos por persona y la recarga en la ciudad de un botellón de 20 litros sale por dos mil pesos.
En Santa Sofía, la Fundación Curuinsi Huasi tiene detenido un proyecto comunitario de cosecha de açaí. “Para procesar pulpa de açaí se necesitan dos cosas claves: agua potable para lavar la fruta y los instrumentos de trabajo y energía para que funcione una planta de potabilización y los refrigeradores para conservar la fruta”, explica Nabil Carihuasari, integrante de la Fundación.
El proyecto al que se refiere Nabil tuvo recursos de la Agencia de Desarrollo Rural. La entidad entregó un motor, parte de una planta de potabilización, una máquina despulpadora y unos refrigeradores, “pero ninguno quedó instalado” enfatiza Nabil.
Pie de foto: Nabil al lado de los filtros de potabilización sin funcionamiento.
Tras la sequía de 2024, por iniciativa de una concejal del municipio, la Alcaldía de Leticia llegó con botes llenos de agua en bolsa. “A mí me llegaron las bolsas solo una vez, pero la sequía duró seis meses”, señala Nabil.
En el centro poblado de Santa Sofía son 836 personas aproximadamente y como resguardo 2.500 habitantes. Allí la propia comunidad construyó un pozo y cada familia obtiene agua cruda a través de una manguera. “Aquí han llegado, fundaciones, ONG, la Alcaldía de Leticia, el Ministerio de Vivienda, hacen la visita, pero de visita no pasa”, señala Francisco Fababa, curaca del Resguardo.
Pie de foto: Punto de captación de agua cruda en el centro poblado de Santa Sofía.
Activamos el dron para dimensionar el tamaño de Santa Sofía, los niños se aglutinaron y al despegar varios se fueron detrás persiguiéndolo con la ilusión de alcanzarlo. Mientras esto sucede, Francisco nos cuenta la muerte de varios niños de su comunidad a causa de infecciones causadas por el agua. “Aquí es difícil pensar en turismo, porque si usted ni siquiera tiene cómo ofrecerle un jugo a un turista, pues esté lo piensa dos veces para venir”, explica Francisco.
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En Leticia, una ciudad rodeada por agua que no se puede consumir, la vida se mide por el caudal del garrafón. El agua de las duchas o del agua del café, seguramente fue comprada a una máquina embotelladora de agua que funciona 24 horas, mientras una bomba succiona agua contaminada de los ríos, a litros por segundo y luego factura.
Pie de foto: Río Amazonas, en este trayecto comparte cauce con Colombia y Perú.
*Esta investigación periodística fue realizada con apoyo de la Beca Relatos de Región: periodismo local que explica Colombia del Ceper de la Universidad de los Andes, y el contenido de la misma es responsabilidad exclusiva de los autores.
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